Si nos preguntan por la vigencia de Andrés Bello hoy, habría que empezar por decir que vivió, como nosotros, en tiempo de crisis. Compartimos, pues, esa vivencia. Su vida transcurrió y su obra tuvo lugar en medio de dos crisis. La crisis del orden colonial que condujo a la Independencia y, luego de la guerra larga y cruel por conquistarla, la crisis de la formación de las jóvenes repúblicas. Porque la crisis no termina con el fin del orden indeseado contra el cual se luchó. Establecer un orden nuevo, para vivir y progresar en paz, exige en sí mismo una lucha que, si bien distinta, no es menor. No fue que se acabó el coloniaje y todos fueron felices. Entonces comenzó otra brega diferente, en muchos aspectos más exigente, tanto que aún no concluye, para construir el Estado y la sociedad republicanos. Un orden de igualdad, de respeto al Derecho, de instituciones al servicio de todos que no se da por generación espontánea, ni brota por obra y gracia de un amanecer. Hay que trabajarlo.