Humberto Díaz-Casanueva, un gran poeta solitario y unánime, altivo y generoso, que escucha al desconocido que todos somos y habla para el una lengua sin edad; un creador de excepcional poderío profético que otorga Palabras a los rostros futuros del hombre. Es toda una conciencia viril que grita su dolor, logrando las alturas mas empinadas del verbo poético. La poesía no puede ser para Díaz-Casanueva sino una ética de la desesperación: la poesía, simultáneamente, como blasfemia y coronación, como conciencia desértica y como aventura desmesurada. Un continuo debate de la fe.