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100 1 _eautor
245 1 _aProclamas y discursos del libertador 1811-1830
_bCompilación, estudio y notas
_c/Vicente Lecunas
264 _aLos Teques, Venezuela:
_bBiblioteca de autores y temas mirandinos;
_c1983.
300 _a455 páginas.
336 _atexto
_btxt
_2rdacontenido
337 _ano mediado
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_2rdamedio
338 _avolumen
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_2rdasoporte
520 3 _aSimón Bolívar (Caracas, 24 de julio de 1783 Santa Marta, Colombia, 17 de diciembre de 1830). En este año en que se conmemora el Bicentenario del Natalicio del Padre de la Patria, el Ejecutivo del Estado Miranda rinde culto a su memoria con la reedición del texto de las PROCLAMAS Y DISCURSOS, compiladas y estudiadas con rigor histórico por el fallecido académico doctor don Vicente Lecuna. La figura de Bolívar se agiganta con los siglos. Salvador de Madariaga, uno de los biógrafos que con más dureza enjuició la personalidad del Libertador, no pudo evitar que su pluma estampara estos elogios: Bolívar decía fue "un hombre de intuición política magistral, un gran espíritu demasiado inteligente, y en cuanto a la excelencia de su intelecto, ¿qué más monumento que sus cartas?" "Sus cartas añadía son brillantes, ingeniosas, profundas y humanas. Bolívar era un hombre acostumbrado a vivir y a pensar en dimensiones continentales". La vida fecunda y ejemplarizante del Libertador la divide el escritor Arturo Uslar Pietri en cuatro grandes tiempos. Sus primero veinticinco años (1783-1808) constituyen la etapa de crecer, de conocer, de descubrir, de ensayar. de ponerse en contacto con los hombres, con las cosas, con los países y las ideas. De 1809 a 1819, son años de lucha y obstinación ante el fracaso. Abismado contempla la caída del general Francisco de Miranda y el hundimiento de la Primera República, pero se recupera y triunfa en Angostura. Luego, de 1820 a 1825, Bolívar es aclamado por los pueblos con delirante júbilo. Vibra su espíritu con la victoria y recibe la Presidencia de Colombia, la del Perú y logra la fundación de Bolivia. Pronto se aproximan los años finales (1826-1830), asignados por la injuria, la blasfemia, la negación. Con amargura confiesa poco antes de morir: "Habéis presenciado mis esfuerzos para plasmar la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aún mi tranquilidad", pero "mis enemigos hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad... Yo los perdono". Moría el héroe, el alfarero de repúblicas, pobre y abandonado frente al mar. Sus restos retornaron a Caracas doce años después de su muerte, en 1842, cuando sus detractores no pudieron por más tiempo sostener la mentira de enlodar su gloria.
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